De cuarta

Estimadas, estimados, estimo que esta será la última entrada al blog. Puede que sí, puede que no, porque todavía queda la recta final y algunas visitas que seguro merecerán ser recordadas, pero también sé (o presumo saber) que en Uruguay no escribiré más, y que el trajín de los últimos días me tendrá alejado de esta noble tarea que consiste en hacerles un raconto impersonal (pero pensando en vos) de mis andanzas.


Como hubo quejas al respecto, diciendo que “dejate de escribir mails genéricos y contame cómo andas”, voy a dirigirte este correo a vos.


Antes de empezar con el resumen de las semanas, voy a decirles que estoy muy contento de ver a los candidatos Bergara y Piñeiro recoger el guante de mis propuestas para el manejo de residuos, con un énfasis a la recolección intradomiciliaria como ocurre acá en el país más limpio de Austria:



Empecemos.


Hace un rato me mudé, o más bien dejé la valija, en la casa que me alojará hasta el Sábado. El Sábado me mudo a un apartamento que Roberta (ver entrada 1) me sub-sub-alquila hasta que me vaya. Ella va a subalquilar ese apto pero recién se muda en Mayo, así que un golazo, porque (a) es un apartamento entero, (b) situado en Margaretengurtel (el barrio 4, uno de mis favoritos, bastante céntrico), (c) cuesta 400 euros al mes, por lo que dos semanas serán una verdadera bicoca, y (d) me permite alojar visitas, que tendré algunas. Un verdadero éxito.


Volví de Berlín con la sensación de haber explorado y disfrutado. El clima primaveral que nos acompañó la semana anterior y el finde en Berlín desapareció y vino una última (?) oleada de frío que volvió a bajar de los 0 grados, y me dejó tosiendo y flameando el resto de la semana (flameante?). Tal como sospechabas, el tabaco que llevé se terminó, lo que terminó con el problema del tabaco seco, pero me obligó a volver al Camel amarillo + hojillas Marie. Eso puede haber tenido que ver con la tos, sí cabeza, ya sé que tengo que dejar de fumar. Volviendo a las cuentas, si un tabaco me dura 4 días, 8*4=32 días, se terminó cuando se tenía que terminar, no fumé ni más ni menos que mi promedio habitual. Ya sabía que me iban a sobrar algunas hojillas, pero mejor que soso a que fafa.


Habiendo “perdido” el Lunes, el Martes fui a AIT directo desde el aeropuerto, y esa semana le estuve metiendo bastante. De día, porque de noche estaba visitando amistades y recorriendo un poco, que había vuelto “el primo” de su viaje. Breve recordatorio, “el primo” es primo del Emo (amigo que vive en París), y fue el que me abrió las puertas de su grupo humano (mis “amigos vieneses”), de su bar vienés, y demás la otra vez que vine. Quedó muy contento con las tazas que le regalé, gracias por ayudarme a elegirlas. El Martes ví al primo, el Miércoles me junté un rato con Roberta, el Jueves descansé y el Viernes también. El Sábado fui de nuevo a una concentración en apoyo a los serbios, que están encendidos, con Anya (amiga serbia) y Laura (amistad colombiana). Después me junté a almorzar con Roberta en mi chino favorito, uno cerca de Karlsplatz que probamos con Gastón cuando vivíamos por ahí y que tiene un hedor considerable, lo que augura comida auténtica. Probé el plato “8 secretos” que es el que intento reproducir en Uruguay, sin éxito en que sea parecido pero igual queda rico. El pique es que 8 es un número especial en la región de Sichuan, y tenés que elegir 8 ingredientes y darle, ¿cómo? Como quieras, nomás dale con esos 8 y algo bueno va a salir de ahí.


Después acompañé a Roberta a una reunión de grupos que militan la causa Palestina, pa chusmear un poco, viste cómo es. Están tratando de agruparse y coordinar acciones, y esta era la primera reunión. No me quedé mucho, porque al ratito se separaron en grupos de trabajo y ya iba a empezar a heder, y sólo me interesaba curiosear un poco. Algunas cosas me llamaron la atención. En primer lugar, eran todos jóvenes, capaz un par de personas +30, y unas 25 <30. En segundo lugar, casi todas mujeres y disidencias, creo que había 3 o 4 varones. En tercer lugar, cada grupo estaba en su mundo, y era la primera vez que se juntaban.


Contrastando con Uruguay, las edades son opuestas (un par de <30 y el resto +30), pero que la Coordinación por Palestina existe desde hace ya como 10 años. Ya tenemos dinámicas de funcionamiento (algunas muy malas), y conflictos propios de quienes “ya se conocen”. Es mejor cuando nadie se conoce, que todo el mundo quiere caerle bien al resto y dejar una buena primera impresión, que cuando ya sabés que mengano te cae mal, o que sultano siempre rompe los huevos con aquello. O capaz que simplemente es el “políticamente correcto” habitual de acá. En fin, interesante la cosa. Y más interesante era que ni hablaron de hacer una marcha o alguna actividad general, que hiciera como el anillo de poder: una para atarlos a todos en un objetivo claro y dejar las boludeces al margen. Y encima esa actividad existía (o potencialmente), porque había marcha el sábado siguiente (como me enteré después).


En fin, me fui hasta casa y después volví para juntarme con el primo, que vive en el 4 y me sacó a pasear por barcitos de la vuelta. Empezó por Olinda, un bar de cócteles muy coqueto, uno de esos lugares que detesto y que acá les encantan. Vivo preso de mi lema “a donde fueres, haz lo que vieres”, maldita coherencia. Terminamos en un bar más de mi estilo, grafiteado y tal, y pude exhibir sin tapujos mi camiseta del Palestino de Chile, sin tener interacciones ni miradas al respecto (para bien o para mal). El Domingo descansé un poco, que ya empezaba la semana, y encaré ese lavado de ropa semanal, que no traje tanta cosa y hasta que la Negra no me asesore no voy a comprarme nada.


La semana fue de mucho trabajo, que me tranqué en un maldito “bug”: errores programando que te dejan horas y horas mirando la misma pantalla con la frustración de que seguro es una boludez pero no la estás detectando. Fui simplificando el problema, aislando las posibles fallas, dividiendo y conquistando, hasta que me destranqué. Pero me llevó una buena semanita (10 días) que anduviera todo como tenía que andar, y recién hacia el final de la semana pasada pude tirar pruebas para buscar esos resultados que justifiquen mi venida.


Lo más destacable en esa semana fue la vida “en régimen” en Viena. Pedro y Juan, mis compañeros de almuerzo en el laburo los Lunes y Miércoles (y Juan los Viernes), se habían ido a París en una visita relámpago. Vos ya sabés que no me gusta comer solo (ay, qué original), a menos que esté viendo algo en la pantalla, cosa que no va a pasar en el laburo. Entonces estuve comiendo con la gente de acá. Primero me junté algunas veces con la vieja barra de piso 2, lo que provocó alguna mirada cruzada de parte de algún boludo, e incluso un “Te equivocaste de piso..!” que provocó un seco “No.”. Lo que me embola de comer con Anya, que es la que me agita para sumarme a su almuerzo es que comen acá en el edificio 2, y no van a cantina, van al super a comprar complementos de lo que traen. El menú de acá cuesta algo así como… 1.5 euros de sopa y 9.algo euros de plato principal, con un descuento de 5.algo euros, queda una verdadera ganga. Tenés 3 platos principales para elegir, y dos posibles sopas, y podés cambiar el acompañamiento por una ensalada (hay 4 ensaladas a mezclar). Antes teníamos la promoción de: 2 platos de ensalada por 5.algo euros, entonces quedaba gratis con el descuento, pero no la he intentado y no he visto ensalada de fideos, que era la que llenaba.


Entonces comí un par de veces con Anya (la serbia), pero después me puse las pilas y estalkié a la gente de piso 3 a ver cuándo iban a comer, y me les empecé a colar. Hay un par de italianas, una austríaca, una rumana que ya conocía, un austríaco, una iraní, y un par de tanos más y algunos que ni idea. Son simpáticos, y rinde para tener compañía de almuerzo. En el grupo del piso 3 también está un egipcio del que Gastón me había hablado, por tener un brazalete de Palestina, pero no come porque está haciendo ayuno.


Parece que en Marzo-Abril todos hacen ayuno: los ortodoxos tienen un ayuno que implica no comer carne y no tomar alcohol (creo), y los musulmanes uno (en ramadán) que no pueden comer mientras que haya sol. Qué viaje eso no, tener que hacer pruebas de sufrimiento para mostrar la fé, y qué bien que soy Ateo, y solo tengo que sufrir la incertidumbre generalizada como prueba de mi nofé (aunque todo el año).


Entonces bueno, trabajar de día, volver a casa bastante tarde (son 3 medios de transporte para ir y volver: tram-metro-tren, tren-metro-tram, entre 40’ si todo se alinea y 1.15 si se ponen bobos los trenes).


La convivencia

(Esta parte se pone oscura, quien quiera evitarla puede saltar hasta el siguiente apartado.)


Ya desde el Lunes o Martes, el papel higiénico estaba terminándose (quien dice terminándose evita el “se había acabado”). Yo tenía mis reservas personales, y calculo que mis compañeras de piso también, porque no se las notaba muy preocupadas. A la hora que salgo del laburo ya cerraron todos los super, pero me encanuté un rollo de AIT para compartir la miseria con las vecinas. Yelda, la turca, hizo lo propio, así que algún hospital de Viena tiene un par de rollitos menos. A Agnes no le importó nada, y puso sopalín en el baño.


No me sorprendió, un día llegué a casa y había algo en el piso del baño. Vamos a decirle “algo” porque es mejor no describir en detalle, pero me sacó una exclamación de asco e impotencia. Ya estaba bastante saturado de que (a) el sonido del cuarto de Agnes (la abuela húngara) no aflojaba nunca, ni cuando dormía (dormía?) paraban las telenovelas de amor y películas de acción en húngaro a todo volumen, (b) la cisterna perdía agua constantemente, no un hilito o una gotera, sino que quedaba un chorro. Para (b) alcanzaba con darle unos toquecitos al costadito, al lado del botón, pero después de explicárselo a las vecinas me miraron con cara de “ajá, sí que interesante lo que me decís” y siguieron con su vida. Me llegué a levantar de noche a darle los toquecitos a la cisterna después que la abuela húngara fuera al baño y la dejara perdiendo, porque el ruido y el medioambiente, y las obsesiones vió.


Entonces esa tarde volvía yo al apartamento, bastante tarde y frustrado después de una larga jornada en AIT, y me encontré con la cisterna perdiendo. Con la mochila y la campera todavía puestas, entro al baño para resolver el problema, y me encuentro con la suciedad en el piso. Alarido de frustración, como los que metés vos ocasionalmente, sobre todo cuando jugabas a la computadora y te morías rápido en el GTA o te suicidabas un gusano en el Worms.


Yelda se dió cuenta, y me miró como si compartía el dolor, y Agnes siguió en su “sexting” en el cuarto, sin importarle nada. No hay con qué darle, la abuela húngara vive en otro planeta. Limpié, pero más importante, arreglé la cisterna. “¿Cómo?”, te preguntás vos, que sabés que soy bastante inútil con las manos. Hice la del ingeniero, abrir la tapa, mirar para adentro y volver a cerrarla. De nada, gurisas. Yo todo contento de haber arreglado el water y ellas ni se inmutaron. Devolveme la plata o haceme un descuento, René de erbienbi.


Ese mal trago se vió compensado con algunas conversaciones divertidas por las noches. Creo que fue el Jueves, que me senté ahí afuera en nuestro “espacio común” para fumar un porraco (sí, muy rápidamente llegó cannabis a mis manos, y más rápidamente procedí a su consumo). Estaba la turca, y al rato se nos unió la húngara. Un poco molesto por los acontecimientos relatados, saqué un tema que tenía atragantado y le dije a Agnes que se la pasaba haciendo sexting pero que no estaba viendo acción, y que la estaban descansando los flacos con los que hablaba. En particular un tal “Sven”, que “trabaja lejos lo que pasa, entonces tiene como 2-3 horas para venir” y que venía cancelando noche tras noche. Entonces le tiré “Qué onda vos y tus citas, existen o es todo sexting?”. Para qué, empezó a contarnos de cuando cayeron Sven con dos amigos, y a comparar los baños de leche que se daba Cleopatra con … bueno, se imaginan, o mejor, no se imaginen nada. A los gritos, un día entre semana a la hora de la cena, y yo temiendo por los niños que se escuchaba cada tanto jugar en el piso de arriba. Por si te lo preguntás, la turca ha oscilado en su estado de ánimo, no siempre tan bajoneada y repetitiva, aunque sigue siendo su formato principal. Pobre turca, se tiene que bancar también a Agnes mostrándole fotos semidesnuda o de sus chongos semidesnudos, pero bueno, ella aceptó el desafío, yo lo rechacé de inmediato mirando al piso muy fijo, para que quede claro que no me interesaba.


Hay más de dónde viene esto, y todavía más piores. Pero no quiero provocarte más asco del que ya te está dando, así que dejémoslo pa’ cuando estemos en persona, ahí si querés te cuento algún “chistecito” desubicado que me hizo (uno tiene que ver con que le sacaban los dientes al día siguiente).


Si la vida te da limones, poné un puesto de venta de limones, y si la vida te junta con una Agnes en un airbnb, hacé una miniserie que se llame “El Airbnb”. Tenemos la presentación: yo llego a sentarme a mi cama con aire de recién despierto y café en mano. Al ratito viene la turca y se me sienta al lado (sí, en mi cama). Al ratito entra Agnes y se me sienta al otro costado. Son tres episodios, uno por personaje: la turca depresiva, el uruguayo fumanchero y la húngara horny, que por supuesto es la que se lleva todas las risas (la Kramer de esta miniserie). Las compañeras de piso apreciaron lo bizarro de nuestra convivencia y se prestaron para filmar la escena de apertura, que pueden ver acá. Eso las hizo levantar puntos, cada una aceptando su rol sin tener que explicárselo ni siquiera (me mató la turca cuando dijo “yo soy la quejosa depresiva”).


Y acá unas fotos:


Martín, Yelda y Agnes


Martín y Agnes


La convivencia siguió su curso, hasta que nos mudamos, este último sábado Agnes, que me desperté con los gritos de su nuero. Yo, sin saber que era el nuero (y aún sabiendo que era el nuero), me levanté medio a los ponchazos y me puse a desayunar, sacando un café al patio para fumarme un cigarrillo, con aire de “qué pasa acá, por qué tanto griterío, precisás una mano Agnes sacamos al pesado este”. Pero Agnes me hizo gestos de que todo estaba bien, mientras el austríaco sufría tener que ayudarla en la mudanza. Según Yelda, la húngara (perdón, la abuela húngara) tiene un problema de consumo, y se pasa comprando cosas: ollas, ropa, inciensos, cualquier boludez básicamente. Yo no sé si estoy para diagnosticar gente, así que nomás asiento con cara de “mirá vos”, para no darle más charla a la turca, que ya me tiene un poco podrido. Es verdad que el cuarto de Agnes estaba repleto de cosas, y tuvieron que hacer muchos viajes para vaciarlo. No dejaron el cuarto libre el Sábado a las 10, sino el Domingo a las 16 más o menos. El pobre austríaco (sí, me compadezco un poco del tipo) se quejaba a los gritos señalando el cartel de no fumar. Creo que sólo banco a Agnes porque nuestra convivencia, y porque fue breve y -por suerte- lejana, con encuentros ocasionales en la cocina o el espacio común del patiecito. Pobre el muchacho que la tenía que ayudar a empacar paquetes de galletitas por la mitad, ollas a presión, cremas, velas e inciensos, calendarios yoguis y miles de cositas más.


De todas formas, a Agnes le regalé un alfajor, así que sólo me queda uno por regalar, y estoy esperando a que se venza antes de elegir a la persona merecedora.


Y bueno, hoy me mudé yo, dejando el apartamento a las 10.11, y yendo a dejar el bolso a otro Airbnb basta barato pero tampoco tanto, que queda más cerca del trabajo. No andaba el código de la cajita donde te dejan las llaves para entrar sólo, entonces estuve como media hora o más esperando las respuestas de los gestores. Algo un poco cómico, y bastante triste, es que consulté a tres airbnbs y los tres eran regenteados por los mismos pintas.


Noche con el primo y marcha Palestinesca


Volvamos a algunas actividades interesantes que tuve en estas últimas semanas. El Sábado pasado (el 22) fui a una marcha por Palestina. Como curiosidad, el 21/3 es el “día de la independencia” de los kurdos, y mientras volvía de AIT aquel Viernes me crucé con un montón de familias kurdas vestidas con trajes de ocasión, muy coquetos y decorados con chirimbolos, que iban a no sé dónde a festejar. Justo en esos días se estaba acordando un lugar en el mapa del nuevo gobierno Sirio para los kurdos, así que todo calzaba para un festejo memorable, pero entre que llegué y tuve reunión con los tutores se hizo tarde para caerles a la plaza donde se juntaban y chusmear un poco. Me quedo con las ganas, pero bueno, todo no se puede


Ese Viernes jugaban Uruguay - Argentina. Habíamos quedado en verlo con el primo, que tiene padre y familia uruguayas, pero al que le importa bastante poco. Finalmente, fuimos al u-dog (el bar vienés al que van siempre). Ahí estaba toda su banda, y en un estado cada vez más alcoholizado. Un amigo de él me quería sacar charla, y convencer de que el mundo estaba mal por la culpa de 2 personas: Trump y Putin. Creo que nunca hablé con un alguien tan europeo-wok-progre-wanna-be, defendiendo a los “pobres cascos azules, que están limitados porque no puede disparar”, a la Europa como avance civilizatorio y la necesidad de hacerle la guerra a Rusia. Ya habíamos tenido una discusión similar el Viernes anterior, cuando quiso explicar que “hace 70 años hay paz en Europa, y vino Putin a cagar todo”, y tuve que explicarle - bastante caldeado de ánimos - que nomás la guerra no la habían hecho en Europa, si es que quería olvidarse de los balcanes; y señalarle que muchos de los procesos decoloniales habían tenido guerras horribles, hacerle acordar de las malvinas, de Afganistán, Irak y tantos lugares en África. Una semana después, me insistía con lo mucho que odiaba a Putin y a Trump, mientras que yo lo ignoraba y trataba de mirar un partido en el que no pasaba mucho. Al rato cayó un turco, novio de una amiga del primo, que es policía. Sí, así como lo escuchan, eligió migrar a otro país y ser policía, otro detestable personaje. Ya habíamos tenido desencuentros la otra vez, cuando agitó al Gastón y nos tiró unos cuantos comentarios racistas hacia latinoamérica, y nos fuimos antes que se armara lío, que tampoco teníamos ganas de pelearnos con un policía borracho. Yo le había dicho a mis amigos que me caía mal, y que no quería verlo, así que cuando llegó, lo hizo con cola de paja. Me vino a decir “pah, no puedo creer que tengas esa impresión de mí como un racista..!” a lo que respondí con cara de póker “y, no haber hecho comentarios racistas…” “espero que puedas cambiar esa idea” “no creo, ya no me interesa hablar contigo, pero si querés que en el futuro otra persona que venga no piense que sos racista, lo mejor es no ser racista”. Y siguió, como si lo justificara, diciendo “es que estaba borracho, y me pongo bobo cuando me emborracho”, a lo que le expliqué que “en Uruguay se dice que ‘el borracho dice la verdad’ y es una pésima excusa”. En fin, siguió bastante acongojado el tipo, o al menos aparentándolo, y le hablé lo menos posible y traté de que se sintiera bien incómodo, cosa que creo que logro cuando me lo propongo. Cuestión que el partido fue interrumpido infinidad de veces por gente a la que le importaba un bledo, experiencia nefasta que no le deseo a nadie, pero igual estuvo divertido ver a algunos de los amigos del primo, al primo mismo y la gente del bar, que siempre ha sido muy gentil conmigo.


El Sábado entonces arranqué con una buena resaca, me levanté, hice café como para 4 personas, y me pegué un baño. Salí para la marcha con la ya conocida camiseta del Palestino, y con Yelda que iba muy motivada (sí, la marcha la ponía de buen humor). Allá me encontré con la colombiana Laura, y al bajar de tram nos amigamos con un egipcio que andaba solo (Mohammed, para variar). La marcha empezó con una concentración de 50 personas, pero fue ganando fuerza hasta que llegó a tal vez 1000 personas (según Laura unas 500). Fue desde westbanhoff hasta la “plaza de los derechos humanos”, que es al lado del museumsquartier en el 7mo (por mariahilfer strasse). Los gritos eran repeticiones simples de consignas gritadas por un mégafono, pero más pro en que Uruguay, el megáfono estaba conectado a parlantes distribuidos por la marcha, que con suerte en las calles angostas llegó a 2 cuadras. Policías con armas (que me dijeron que es muy raro en Viena y que es particularmente llamativo que los usen para estas marchas) iban abriendo el paso y cortando calle. Un provocador se puso a señalar con el dedo del medio y fue apartado por la policía, no sin que se le acercaran unos cuantos que entraron en la provocación. Un tipo, con pinta de árabe y disfrazado de bandera palestina, se puso a gritar no sé qué cosa contra la organización y con su propio megáfono a pedir que lo siguieran a él y no a los organizadores de la marcha. Nunca faltan boludos en estas cosas.


Me pareció más bien chica, pensando en la cantidad de turcos y árabes que hay acá. Pero bueno, también bastante sentida, y siempre es lindo observar estas cosas en otros lugares. Acá está prohibido gritar “desde el río hasta el mar, palestina va a ser libre”, pese a lo cual la turca se hizo la rebelde (con sus 35 años, un papelón) y largó el cántico un par de veces, después de la 3a advertencia de los organizadores y de mi 5ta mirada reprobatoria, y viendo que no conseguía apoyo, abandonó. Nunca faltan boludos en estas cosas.


Carteles


Después de la marcha, que terminó como a las 16, mientras se hacían los últimos discursos (fueron como 10 discursos, uno por cada grupúsculo), nos fuimos con la colombiana a comer a un vientamita, donde se nos sumaron Yelda y Roberta, que llegaba tan tarde a la marcha que no sé ni si pasó por ahí. Esa noche salimos con Roberta y unos amigos de ella, un mexicano y una italiana, muy simpáticos, y fuimos a una fiesta disidente que juntaba plata para no sé qué, y donde pasaban techno, para variar. Acá unas fotos de la noche, que aproveché para denigrar cartelería, uno de mis pasatiempos favoritos acá.


Martín sorprendido por el cartel que te avisa que “No es una salida”. Después me avisaron que quería decir “salida de emergencia”, así que una vez más, el boludo era yo. No seas malo, ¿“notausgang” no es “no salida” sino “salida de emergencia”? Es imposible aprender alemán así…



Martín sorprendido por este otro cartel, que te avisa que hay una salida cuando ya subiste la escalera y llegaste a la salida





Y este cartel, qué opinan? Qué animal es? ¿“Acá no se permite que meen los perro-ardilla-gatos”? (me lo mostraba cortado a mí, espero que a ustedes no... sino mañana lo acomodo)



Un cartel que te avisa que te laves las manos… ¡Gracias! Estaba buscando el jabón líquido pero para otra cosa…



Bueno, basta de criticar carteles. Antes de cortar, les cuento un poquito del finde. El Viernes salimos con Pedro y Juan, una noche en español de hablar un poco de todo y un todo de nada, de política, fútbol, la universidad, Viena y sus costumbres, criticar a Europa y nostalgiar a Uruguay, y después criticar a Uruguay y elogiar a Europa, y así. Muy divertida, fuimos rotando de bares bajo una garúa que parecía del invierno uruguayo.


El Sábado jugamos un fútbol 5 mixto, con gente de todos lados. Había un par de austríacas, un argentino, un par de sirios, una tana, un libanés, uno de sri lanka (¿srilanqueño?), y ni idea, alguno más. Estuvo divertido, aunque bien sabés que no soy el más hincha de esos futboles que son “para divertirse”. A la noche, y con parte de esa misma barra, fuimos a un festival “Salam” (https://www.salam-music.at/), donde hay música “del mundo” (sobre todo árabe, algo africana). Un espacio copado, alternativo, cool, que confundí con esnob, pero que me hicieron notar que no lo era tanto. ¿Será que para un ignorante como yo, todo lo que es arte es medio esnob? ¿O el nivel de esnobismo en Viena está tan alto que algo que sería esnob en Uruguay acá ni pica? En fin, era en una galería de arte, y había músicos jameando con instrumentos extraños, con mucha copita de vino y una exposición de mosaicos. Ahí probé un guiso de cordero afgano, cosa que estuvo muy interesante (más interesante que rico, aunque estaba rico). Pero es cierto que era gratis, y la mayoría de la gente no era tan esnob sino inmigrantes extrañando la música de su país, y el lugar podía parecer un antro de rebeldía muy muy muy bien cuidado. En fin, menos conclusiones apresuradas y más apertura a culturas diferentes.


Ahora sí termino: hoy llegó la Negra Custodio, y nos vamos a juntar a tomar algo en la noche. Se queda hasta el Viernes, y aunque ya estábamos craneando un encuentro, vino por trabajo que su empresa tiene una sede (principal? ni idea) acá. El Jueves llega Diego (Belzarena), y se queda hasta el Lunes. La semana siguiente, el Jueves llega el Gonza desde Münich (miunigen) y el Jueves o Viernes llega Sabrina (la amiga sueca-italiana-francesa por la que conozco a Roberta y los árabes con los que jugamos al fútbol). Así que se vienen momentos divertidos y activos, mientras trato de cerrar los resultados y empiezo a escribir el artículo de revista, que ojalá me saliera tan fácil como me sale contarte estas crónicas.


No, todavía no terminé. Quiero establecer una queja pública por la ropa de cama y almohadas que usan acá. Las almohadas son anchas pero bajas, es decir que no tienen altura, pero ocupan mucho más de lo que una cabeza necesita. Son más parecidas a un acolchado pequeño que a una almohada, en el sentido de que no tienen grosor ni firmeza. Y no usan sábana de arriba, solamente el acolchado ese, así que si hace calor, es un todo o nada. Aparte, parece menos conveniente tener que lavar seguido el acolchado que una sábana de arriba que separa  al acolchado de nuestros cuerpos. He dicho.


Te quiero y me quedo corto,

Martín.

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