B3rl1n
Empecé a escribir esto hace capaz una semana, entonces le empecé a borrar estupideces cosas, y como ya me estaba quedando sin texto, decidí compartirles esto. Yo ya sé que no son lectores exigentes, porque son mi familia y mis amigos, y ustedes ya saben que la pavada me tienta.
Bueno. Hace un mes que estoy acá, y ahora que “ya me vuelvo” parece que pasó muy rápido. Claro que extraño un poco, sobre todo a la gente querida, pero también se termina esta pausa de paz, concentración y exploración que es andar por el resto del mundo. “Quería aprovechar este espacio” para mandarles un saludo y agradecerles que estén leyendo y contestando.
Es un poco feo admitirlo, pero ¿qué es lo que nos permite concentrarnos (“concentrarnos”) más acá que allá? En general lo pienso como la ausencia de ruidos… y qué son esos ruidos? Familia, amigos, la casa, la militancia, las clases y otras tareas. Es decir: la gente que queremos (o al menos la que nos rodea), las actividades sociales que elegimos, y las tareas que nos hacen sentir útiles (perdón doctorao, pero parece más útil dar clases que resolver este puzzle).
Yo siendo yo y como soy, en seguida encuentro esos ruidos de los que me alejé, no sea cosa que realmente pueda encontrar un momento de concentración absoluta en mi tarea prioritaria (urgente?). Acá tengo varios amigos (ninguno como usted!), a Pedro y su familia, una ciudad por recorrer. En fin, bastante disgresión, la cosa es que hace un mes que llegué y me queda un mes para irme. ¿Avancé en lo que vine a hacer? Podría ser, supongo, espero, pero todavía falta que lleguen esos jugosos resultados, aunque quiero creer que tengo a la bestia acorralada (¿y recién hablé de más? classic Marten). Así que habrá que esprintear en esta recta final, y en eso estamos. Escribir el artículo, mi objetivo de este mes (de la venida).
Más particularidades vienesas
Primero quiero hacer alguna aclaración sobre los baños vieneses en “dos pisos”, que llegaron consultas. Son como en la foto:
No sé si se aprecia, pero hay un primer nivel con un fondito de agua (es decir que tiene un pequeño hundimiento el nivel), y luego el clásico abismo.
Segundo quiero mostrar el concepto de prohibición exagerado que manejan. Vean las siguientes fotos, donde una cadenita impide cortar camino por el pastito, en una esquina donde no está ni cortado el pasto (¿qué les puede molestar?).
Berlín
El Viernes 7 de Marzo de mañana salí rumbo a Berlín. Gonzalo (Belcredi, aka Vuvu) cumplía años el Martes 4, y habíamos quedado en encontrarnos ese finde con él y otros amigos. Gonza se mudó para Munich (“miunigen” según los alemanes) hace poco más de un año, a trabajar en la “NASA alemana”. Por si hay despistados que no lo conocen, es amigo desde la escuela, cuando jugábamos a los felinos felices en el recreo en 4to de escuela. En verdad solo jugamos una vez, pero bueno, esa es la memoria que queda. Después del liceo juntos, le sumamos la facultad, y eventualmente la Maestría, la militancia, el Colola, el Comerranas, y demás organizaciones sociales.
En Berlín vive Melissa, compañera del Pater, con quien terminamos el liceo, hicimos Facultad, y también compartimos las nobles organizaciones mencionadas. Santiago (Paternain) vive en Troy en el estado de NUEVAYoL. Trabaja en una Universidad, haciendo las cosas clásicas de quien se asentó en la vida académica (lidiar con -dirigir a- estudiantes de posgrado, dar clases, etc). Hace ya unos cuantos años que son pareja a distancia, y tratan de viajar lo más posible para justamente, evitar la distancia. (Todavía no se dieron cuenta que la clave del éxito para llevarse bien con alguien es verse menos de lo que a uno le gustaría, na es broma.) Melissa es griega (con cierto parentesco turco que evitaremos precisar para no enfurecer a nuestros lectores armenios), si bien estudió física en el grado hizo su carrera de investigadora en microscopía, entonces trabaja bastante con temas biológicos/salud. Está muy instalada en Berlín, con su grupo de investigación y ainda mais.
Entonces Pater iba a estar por Berlín visitando a Melissa, Gonza en Munich y un servidor en Viena (todos distribuidos por alemania XD). Quedamos en encontrarnos ese finde, y saqué pasaje para ir el Viernes de mañana y volverme el Lunes de mañana.
Viernes
Llegué sobre el mediodía, con una hambre que ni te digo, y me encontré con Gonza para ir a comer algo. Un barrio de inmigrantes pero no alejado del centro, en una calle que empezaba con miles de kebabs que a medida que se acercaba al centro se van convirtiendo en tiendas más snob (por ejemplo una de pan - muy rico - con la que vivimos la experiencia snoberlin al día siguiente). Es increíble la cantidad de comercios de venta de comida, se vé que no se cocina mucho por estos lares. Por esas casualidades, nos cruzamos también en la calle con Pater que almorzaba con un amigo, y nos recomendó el lugar, recomendación que no seguimos. Volvimos sobre nuestros pasos hasta la parte de comercios más sucios hasta dar con el asiático que había junado en el viaje de ida. Muy rico, y como siempre que como algo oriental me acordé especialmente de mi hermana.
Llegamos sobre la media tarde a la casa, habiendo paseado un poco por un aeropuerto reconvertido en parque, que con (casi) 20 grados y sol estaba repleto de gente. Melissa seguía trabajando, pero Pater se liberó enseguida y pudimos conversar un poco. Nos habíamos visto (cruzado más bien) un par de veces hacia fin de año en el paisito, así que no había miles de novedades para contarse, pero siempre algo aparece. Mejor te digo, que las reuniones de actualización suelen quedarse en esa, y a nosotros nos gusta seguir viviendo, es decir generar nuevas anécdotas que después les contaré a ustedes (a menos que también elijamos seguir viviendo cuando nos veamos). Suerte que estoy escribiendo esto, sino van desapareciendo todas esas historias en la gran nube de recuerdos imprecisos que es la memoria. Ya me imagino una conversa “Y, ¿cómo estuvo Viena?” “Todo bien, tranquilo.”.
Berlín es como Viena mezclado con … París, Nueva York, Buenos Aires? En fin, una ciudad que busca ser prolija y ordenada pero está atravesada por caos, graffitis, mugre, gente que cruza la calle cuando tiene sentido y no cuando le dicen (o cuando no tiene sentido y tampoco le dicen). Muchos graffitis pro Palestina, pegotines en los baños, pines en la ropa, sandías. Mucha gente vestida con pinta de “a mí no me importa lo que pienses”. Se escucha gente hablando en español por ahí, se habla turco de primera en varios locales. En la esquina de la casa de Melissa vendían mates y bombillas. Muy #multicultural, #rebelde, #loco. Me gustó la ciudad, incluso pienso que se podría vivir ahí un tiempo.
Tienen una muy linda costumbre que es disponer de muchos 24 horas, kioscos, como quieran decirles. Allá se llaman späti (shpeti) y tienen una(s) mesa(s) con crematorio (cenicero) para que la gente se instale. Entonces podés pasar la noche entera recorriendo la ciudad de shpeti en shpeti, bebiendo a precio de kiosco (o un pelín más caro) y disfrutando a nivel de bar (en un bar medio pelo en el que te sentás afuera, sin mozo, ni tele, ni música, es decir que sí, un bar de mierda). Como nos gusta esquinar casi tanto como deambular, la lógica shpeti nos vino bien, y así pasamos la primera noche. Terminamos cenando un kebab antes de volvernos, rico pero medio parecido a los de Viena. Supuestamente en Berlín nacieron los kebabs, mi teoría es que en Berlín se les ocurrió armarlos en modo “sanguche”, pero que todo el resto ya existía.
De izquierda a derecha: Pater, Gonza, Melissa, Martín
Antes de volvernos nos cruzamos un ratito con Nacho Rebollo, un amigo que vive en Berlín. Nacho hizo sicología y a medida que fue estudiando (maestría, dotorado) fue volviéndose más “científico” (cuanti? en fin, con ganas de medir cosas, supongo). Ahora estudia cosas bastante divertidas como “cómo nos impacta el hambre en nuestra capacidad de pensar? y estar aburridos?”.
Sábado
No amanecimos y tampoco madrugamos. Era 8 de Marzo y estaba todo cerrado, dado que allá es feriado. Había varios carteles convocando a marcha(s?), pero Melissa, Pater y Gonza ya tenían planes a esa hora, entonces mi curiosidad por ver qué tul esa marcha se desvaneció y empecé a tejer otras tramas (a tramar otras tejas?).
Comimos, ya cerca del mediodía, un desayuno turco. Abundante y rico, con su cuota parte de frescura en una palta (que dudo fuera parte de la tradición turca pero queda bien con todo). Huevos revueltos con salchicha, pan del lugar esnob, cebolla saltada, jamón, queso griego, aceitunas preparadas por la madre de Melissa y robadas de vecinos de Atenas (destaco las aceitunas, se notaban tanto el amor maternal como la dedicación hija de una buena expropiación). Nos acompañó una amiga griega de Melissa, llamada Marielisa (o similar), lo que nos permite concluir que todas las griegas se llaman con nombres M****isa.
Después de chillear un rato, mis compañeros se iban a escalada, actividad que tengo prohibida, y no porque tengo el “agarre prohibido”, que sí lo tengo, sino porque con el hombro operado tengo que cuidar mis movimientos. Así que me fui a lo del Nacho Rebollo, que se habían armado planes de ir a una fiesta.
Había sido el viernes el cumpleaños de una amiga suya, y (hoy) sábado iban a ir a un baile, llamado Sysiphos. No es el lugar más top, pero está bastante arriba, con muchas restricciones para poder entrar y filas larguísimas. Según mis escasos conocimientos, hay otro lugar que tiene una entrada más exigente, al decir de una amiga argentina: si querés entrar seguro tenés que parecer “una lesbiana que vive en la calle”. Dieron vuelta la maquinita, me imagino a más de un snob coqueto buscando ese look abandonado durante horas frente al espejo.
Para que se hagan una idea, llegamos a las 4 y entramos a las 7, a pesar de habernos ahorrado una horita de fila porque estaban las amigas de Nacho ya allá esperando. Estaba muy explotado porque había vuelto a abrir después de cerrar por el invierno, la fiesta había empezado el Viernes y terminaría el Lunes.
Originalmente los Paters (así llamaremos al otro conjunto) estaban oscilando sobre ir o no a la fiesta. Pater viajaba el sábado de mañana, entonces no era muy tentador caer roto al aeropuerto, pero como el plan de ir a la fiesta era tan temprano existió un posible amague. Entonces antes de salir, ellos para la escalada y yo para lo del Nacho, empezamos a disfrazarnos.
Nacho nos había dado instrucciones muy precisas respecto de la ropa: colores. Cada baile de estos tiene su estética, está el kinki, el dark, el ya mencionado “roto-cool” y este que sería “colores”. Por eso fui vestido así a su encuentro:
Yo quería sacar a relucir la camiseta hecha a mano por mi señor hermano, que aún con sus detractores debe ser de mis favoritas, y nada me parecía más cool que una camiseta pintada a mano, pero era demasiado oscura. Aprovecho para contar que también estuve exhibiendo en Berlín la casaca realizada por el Nico, otra pilcha hecha a mano en los talleres de Gráfica Rebelde. Por suerte, estaba planeado que Nacho me prestara alguna cosa, y me vistió ni más ni menos que con su “ropa sisi”, así que quedamos así(si):
Los Paters también agarraron las camisas floreadas que encontraron en el vestuario de Melissa, por si acaso después de la escalada se tiraban hasta ahí. Vana esperanza, no hubieran logrado entrar y se hubieran comida 3 (o más) horas de fila. Estuvieron bien en hacer su plan.
De mí lado también se presentaba la duda de Paters vs. “experiencia Berlín”. Es común que aparezcan esas preguntas. Cuando tenés suerte es elegir entre dos buenas opciones, y nos quejamos de llenos, y el resto del tiempo es tratar de elegir lo menos malo (como cuando votamos?). Por suerte tengo suerte, así que eran dos muy buenas opciones, a tratar de compatibilizar lo más posible (querer hacer todo, vió). Como esta ida a la fiesta parecía una oportunidad de una única vez para sumergirme en la experiencia berlinesa, ya saben lo que elegí. ¿Cuándo voy a estar en Berlín con semejantes guías y disposición fiestística?
La fila y el ingreso
Empilchados y galantes, esperamos a una amiga taiwanesa (Wen) de Nacho para ir al baile. Cuando llegamos, encontramos a tres amigas de Nacho: dos argentinas (Mica y Alita) y una tana (Sara), que ya habían adelantado parte de la fila (conociendo a otra gente, no esperando, vale la pena aclarar). Era el cumpleaños de Mica, y por eso nos movíamos como grupo, según me explicaron ellas nunca hacían la fila sino que avanzaban con confianza lo más posible y hacían sólo el tramo final (de media hora más o menos), que incluye la preparación de vestimenta y el escrutinio.
Es que en la fila eran todo grises, negros y marrones. Parecía cualquier conjunto de alemanes comunes y corrientes. Ocasionalmente, alguien con redes, flores y tangas sobresalía, en general al principio que había sol y después menos. Nuestro grupo se fue expandiendo entre gente que se colaba con nosotros y gente que se colaba entre nosotros, hasta que tuvimos que formar nuestra célula inseparable, en mi caso con Nacho y la taiwanesa. En la última media hora la gente empezó su ritual de disfraz, y la sobriedad característica de los teutones dió lugar a la locura colorida de… berlín? Vaya uno a saber, pero bueno, hasta el más amargo se había transformado en sonrisas y flores.
Llegamos al frente. Un pelado, petiso y con pinta de presentador de circo, sentado en un banquito nos observaba sin disimulo, sabiéndose portador de un poder tremendo, un poder magnificado después de tres horas de fila. Una señal de semáforo con gente esperando o caminando arriba nuestro nos indicaba esperar hasta que el macaco estuviera en verde. Avanzar con el macaco en rojo, aunque no hubiera nadie adelante, lleva al rechazo.
Nos habíamos preparado: hay tres reglas, y son buenas reglas:
Don’t take pictures / no sacar fotos.
Don’t be an asshole / no ser un sorete.
Have fun / divertite.
Al pedo nos preparamos. Cuando llegamos el pelado ya nos tenía junados. Sabía que yo iba por primera vez, cosa que detestan, y saber que yo era turista hubiera complicado aún más las cosas. Empezó el interrogatorio: ¿conocen las reglas? ¿cuándo fue la última vez que vinieron? ¿a qué otro lugar van si no es acá? Claro que yo, un poco atrás de mis protectores, me quedaba callado y solo miraba y asentía con una sonrisa estúpida fija en el rostro (algo como “estoy acá para pasarla bien, y estoy en una buena, y mis amigos me explicaron, sea gentil conmigo buenhombre”). Creo que lo que nos salvó fue que, además de Nacho que conocía bien las respuestas y las daba sin vacilar, Wen (la taiwanesa) también saltó a ayudarlo, lo que nos convirtió de un grupo de “1 habitué y 2 random” a “2 habitué y 1 random”. Después de avisarnos a los dos varones que nos portáramos bien, pudimos finalmente pasar.
Adentro también había filas para todo: desde las que existen en todos lados como el baño o la barra, hasta sacar plata del cajero, o comprarse un kebab o una pizza. La sensación de alivio una vez adentro nos permitió tener una idea de cómo se sentiría Sísifo si no se le volviera a caer la roca barranca abajo, y el nombre del lugar pareció apropiado a la condena de la espera.
Nunca terminé de hacerme un mapa de lugar. Creo que con mucho esfuerzo podría ensayar un diagrama, pero sé que fracasaría. Todo eran pasillos que daban a más pasillos. Había tres pistas, la principal más “tecno”, otra más “house” y otra que ni idea, y en un momento llegamos a una pequeña sala donde hacían cosas “experimentales”, que nunca más encontré, o más bien con la que no volví a chocarme. Tampoco es que tenga mucha idea de tecno o house, es lo que me dijeron. Pero en general andaba deambulando entre las pistas, recorriendo pasillos. Humo en todos lados, nada está prohibido. Una escenografía que sería la envidia de cualquier obra de teatro, con pequeños cubículos diseminados por doquier, donde uno abre lo que parece una ventana y aparece un cuartito donde sentarte con tus amigos para escapar un poco de resto del mundo, y hacer esas cosas que no querés hacer en frente al resto. Baños por acá y por allá, bebederos de agua, gente sonriendo. Las reglas parecían cumplirse, no ví gente en la mala, no ví fotos y ví gente divirtiéndose.
Nacho no duró mucho porque no se sentía al 100, pero me dejó en buenas manos y se fue a eso de las 10 y pico. Seguimos con las argentas y la tana dando vueltas, perdiéndonos y encontrándonos, saludando sus amistades de acá y allá. Parecía muy de película, cuando quieren mostrar una fiesta descontrolada, aunque todo parecía bajo control, excepto capaz alguien que había consumido alguna cosa en exceso.
A eso de las 2.30 (sí, bastante temprano!) me fui, cosa de poder aprovechar un poco el Domingo, ya saciado de fiesta y bacanal. Antes de dejar al Sisi les cuento que hay un café adentro, con música tranquila (capaz un rock suave) y distintos accesorios para quienes pasan mucho rato ahí: cepillo de dientes, desodorante, golosinas, preservativos, café.
Fue una verdadera experiencia, con todas las letras, diferente, divertida y linda, y quiero agradecer especialmente a mi anfitriona, y a mis guías, diurnos, nocturnos, saturnos.
Domingo
El Domingo no madrugué, como se habrán imaginado. A eso de mediodía nos encontramos con Melissa y Gonza que estaban en un barcito a orillas del río que cruza Berlín (el Spree, claro, todo el mundo lo sabe). El día estaba soleado y agradable, entonces todo Berlín andaba por los parques disfrutándolo. Compramos algo para tomar y nos comimos unas arepas con mucha dificultad, ensuciándonos por turnos con el juguito que chorreaban.
Seguimos de conversa y paseito hasta la tardecita, cuando los cansancios acumulados nos hicieron volver al hogar. Pater se había ido en la mañana, entonces invitamos a cenar a Melissa. El Lunes de mañana nos íbamos Gonzalo y yo, pero en la noche del Domingo el siempre responsable Gonza me avisa que hay paro en los aeropuertos de Alemania. Siempre lo mismo con estos sindicalistas.
Estuve obligado a quedarme hasta el Martes de mañana, lo que tampoco me generó mucha contradicción, tengo que decirlo. No había paseado tanto por Berlín, más que por dos parques (bueno, y de noche), entonces “lamenté no trabajar el Lunes” (para mis adentros, cosa’e’que la conciencia no se me arruinara), y festejé tener un día más en Berlín.
Fui un rato a visitar al Nacho, almorcé un kebab que estaba bien, pero tampoco tan distinto a los de Viena, y me fui a caminar por la zona céntrica. Berlín mantiene los edificios que acá en Viena abundan de estilo "el Palacio Legislativo" (grandilocuentes, con columnas, estatuas neoclásicas, oro por ahí y por allá), pero también tienen obras arquitectónicas más interesantes, de las que no puedo decir mucho porque no las conozco, pero se aprecian un poco por todos lados. Cada estación de metro tiene su estilo, por ejemplo ahora en la isla de los museos el techo era como una noche estrellada. También en un momento le ofrecieron a los berlineses votar el color de la tubería y eligieron un rosado y creo que otro color (según lo que me contaron en la fila del baile, ojo). Cosas de Berlín. No llegué a visitar el edificio que me sugirió Leandro (del Club de Ajedrez Finisterre), porque me quedó medio a trasmano, pero bueno, una vez más uno elige entre lo que hace y lo que deja a un lado. Después de observar algunos edificios majestuosos que parecían importantes, entré a una exposición gratuita que había en el museo de un banco (banco de alemania capaz?). Fue bastante decepcionante, era sobre el cielo, las estrellas y los eclipses, pero había unas pocas fotos bastante abstractas con algún collage, y un video muy largo con entrevistas a gente que trabaja en India en un observatorio astronómico. Gente que ama los eclipses explicando que ama los eclipses.
Seguí dando vueltas hasta que se hizo la hora de cenar, que aproveché para ir a un asiático. Y bueno, descansar y tomarme el avión el Martes de mañana.
Y así termina la historia de Berlín. Como ya se hizo larga la cosa voy a publicarla, y después sigo. En el próximo episodio…:
Sigue la convivencia: ¿en qué andan la turca y la abuela húngara? ¿Se viene una mega producción audiovisual?
Una marcha por Palestina en Viena
La vida “en régimen”: almorzando con la gente del piso 3
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Extra
No sé si se acuerdan, pero les conté que había una palabra que valía tres imágenes. Quiero comentarles una boludez que me surgió con eso (sí, estoy un poco obsesionado con la cartelería de por acá). Entonces en alemán se daría que una imagen vale más que mil palabras (ver ecuación (I)) y que una palabra vale tres imágenes (ver ecuación (II)). Esto genera el siguiente conjunto de ecuaciones, que no tiene solución:
imagen > 1000*palabra (I)
3*imagen = 1 palabra (II)
Encontré las imágenes…:
Al final el boludo era yo, es parte de una campaña publicitaria y ahí tienen bolsas nomás, lo que nos deja tranquilos con que la ecuación (II) es falsa. Me molesta un poco que se siga cumpliendo (I) y que se caiga (II), pero ta. Por lo menos es una palabra que vale varias palabras en español.
Qué bien aprovechado ese finde en Berlín! Con la yapa del lunes, además... ¡qué sería del mundo sin los sindicalistas!, más aún aquellos que te obligan a no trabajar el lunes (A Paul Lafargue le gusta eso).
ResponderEliminarMe gusta mucho la sección curiosidades de Viena. Tiene un dejo etnográfico, para seguir explorando. Me animo a hipotetizar -partiendo de mi conocimiento práctico de canaria del interior- que lo de la cadena en la esquina es para, justamente, dejar que el pasto crezca, naturalmente. Si fuera ese el caso, habría que ver por qué: ¿dejarlo crecer para luego cortarlo? ¿evitar que se acerque algún tipo de animalia y estimular otro? ¿una búsqueda del hombre occidental por conectar con la pachamama en medio del vacío existencial de la urbe? La dejo ahí.
Apuntes de esta entrada:
ResponderEliminar- uso de palabras de joven actual
- bien evitar ahondar en rasgos turcos por armenia
- suerte que lo estas escribiendo asi tenes a que volver, proba incluir mas fotos
- buen outfit para ir al baile
- mención al CAF 🫶🏾