La partida, el viaje, la llegada.
Querido diario, intimo a mis lectores a contestar de alguna forma a estas líneas.
Estamos en Viena, y es el año 2022. Y si, está usted leyendo bien, que me quedaron algunas verdades por decir de aquel momento, y recuperando la memoria con la vuelta, las voy a contar antes que se me olvide.
Historias colgadas: Los alfajores I, Abril de 2022.
Para no llegar con las manos vacías y pensando en caer simpáticos, habíamos tomado la decisión con Gaston (aka 3G, que coincidió conmigo en mi última estancia, amigo y colega) de traer unos alfajores para compartir en la oficina. Compramos “de la sierra”, que bien se sabe que además de caros, son ricos, porque eran los que le gustaban a Pedro (el que nos invitó). Entonces ahí estaban los alfajores, alguno desapareciendo después de alguna noche de aventuras, los de Pedro entregados, pero los del laburo demorados.
Yo llegué el 20ypico de Febrero, y decidimos compartirlos por Semana de Turismo (que fue el 10ypico de Abril, todas fechas aproximadas). Por una de esas curiosidades de la vida, notamos que la fecha de vencimiento estaba ligeramente pasada una (o dos?) semana(s), lo que tal vez apuró nuestra decisión de compartirlos.
Cuestión que llevamos los famosos alfajores, habiendo hecho buenas migas con los compañeros del piso 2 de AIT, con quienes yo solía almorzar (Pedro y Gaston iban presencial los Lunes y Miércoles, entonces tenía que buscarme compañía el resto de los días). Con gran disimulo o con gran pompa, alguna de las dos, hice una presentación (¿cuenta como emplatado?) que disimulara los leves rastros de vencimiento, luego de quitarles el envoltorio y limpiar alguna superficie verdiblanca, fueron debidamente cortados en cuartos (cuartados). Llamamos a las oficinas amigas para que se reunieran, y nos reservamos los que peor se veian para los uruguayos. Y era un poco aleatorio, algunos estaban bien, pero algunos tenían… un retrogusto capaz.
En eso cae un serbio muy simpatico, y con sonrisa de oreja a oreja nos agradece: “¡Muy ricos!” Y cuando ya estabamos pensando “uf, que bueno que gustaron…” agrega: “¿Tienen alcohol no? Porque tienen un dejo de acido…” ¡Plop!
Moraleja: solo lleve para compartir productos para los que no tengan referencia previa, podrá mentir con el sabor sin que nadie se percate.
Los alfajores II, Junio de 2022.
Aun si los alfajores de I estaban vencidos, no nos dábamos por vencidos en querer regalarle chucherías a nuestros amigos. Así que cuando vino Lucas (amigo y colega) desde Uruguay a una conferencia en Holanda que tuvimos por Junio, le encargamos un par de paquetes de alfajores. “3 paquetes, luquitas porfa, no me quiero quedar corto!” le insistí varias veces. Pobre diablo el Luks, mira que soy pesado cuando quiero eh.
En esta ocasión habíamos elegido unos menos chetos, pero más duraderos (y baratos). Lucas trajo los paquetes, pero tuvo a bien repartir uno para cada yorugua del exterior (Pedro, Gaston y un servidor), lo que ya me valió un alzamiento de ceja: los había pedido para regalar y no me cerraban los números. Le insistí a Gaston que me cediera su caja, que no la bajoneara en Holanda, que la cuidara bien. Demasiado le insistí.
Cuando nos fuimos del pueblucho donde era la conferencia (Enschede) y llegamos a Amsterdam, mi paquete de alfajores no aparecía. Sospechando un olvido, llame al hotel con la esperanza de que me los enviaran, y me confirmaron que sí, que habían visto un paquete de algún tipo pero que lo habían tirado a la basura. El bueno de Gaston tuvo la gentileza de dejarme su paquete, todavía intacto, para compartir con los locales, a pesar de mi pesadez.
Moraleja: no hay, todavia no aprendi a no ser pesado. Pero bueno, si sos pesado al menos rodeate de gente del bien, capaz va por ahí la cosa.
Ahora si, podemos volver al presente, o al pasado reciente al menos, pero no el histórico que es reciente pero de cuando no había nacido, sino a este año.
¿Cómo llegamos a esto?
Estoy haciendo el doctorado en ingeniería eléctrica, que empecé en Octubre del 2020. La idea es optimizar de alguna forma la distribución de recursos en redes inalámbricas. Redes inalámbricas son por ejemplo las redes celulares, o wifi, u otras, pero básicamente esas dos alcanzan para hacerse una idea. El problema que estoy analizando es el siguiente: nuestros teléfonos se conectan a una radiobase (antenas que hay distribuidas y que son las que nos conectan con el resto del mundo, pueden pensarlo como el router de wifi en sus casas también). El tema es que a priori se conectan con la radiobase con la que tienen mejor señal, en general la más cercana, y como bien sabemos, si hay una multitud perdemos conexión, porque estamos todos conectados a la misma radiobase. La idea es encontrar formas “inteligentes” de conectarnos para mantener niveles de servicio razonables sin saturar al sistema. La parte de “inteligente” sería usar aprendizaje por refuerzo y redes neuronales para aprender estas estrategias de conexión. Ahí entra Pedro (Casas, amigo y jefe acá), el que me invitó, que trabaja en inteligencia artificial (para monitoreo de redes, ciberseguridad, detección de anomalías, de todo un poco) en el Austrian Institute of Technology (AIT, centro de investigación financiado entre el estado +50% y la industria -50%).
Yo ya había venido por 6 meses al inicio del doctorao, y ahora vine por 2 meses con la idea de meter un sprint hacia terminar. El plan: sacar un artículo de revista, y si diera el tiempo empezar a escribir la tesis. Este artículo se centraría en una parte de la distribución de recursos que es la “justicia”. ¿Cómo se define la justicia? Ah, hay muchas formas, y es bien interesante la discusión. De hecho viene de la filosofía, la economía, y en la ingeniería se emplea a veces sin demasiadas consideraciones, simplemente modificando un poco tu objetivo a maximizar/minimizar. Bueno, nosotros estamos tratando de hincarle el diente a esto, lo que me resultó particularmente atractivo (por todas esas discusiones que escapan a la ingeniería).
La ventaja de venir sería evitar distracciones para concentrarme en el doctorado. Eliminar ruidos, como dar clases, hablar con compañeros de trabajo, lidiar con amistades y familia. Es decir alejarme de ustedes, mis queridos. También aprovechar al Pedro, que es un gran motivador y un experto en enfocar los trabajos a resultados/publicaciones. Finalmente, aprovechar las múltiples ventajas que ofrece el primer mundo, lo que retomaremos en la sección 4. Este artículo se organiza de la siguiente forma, en primer lugar describimos la partida de Uruguay, para comentar luego el viaje de venida. Pasamos posteriormente a esbozar impresiones de la llegada, reencuentro con viejos desconocidos y características de trabajar en AIT. Terminamos con conclusiones y trabajo a futuro.
La partida
La verdad que fui postergando todo hasta el último momento (vaya sorpresa): aunque el plan era limpiar el sábado, terminé limpiando el domingo. Lía (hermana) tuvo a bien acompañarme y darme charla mientras ordenaba y limpiaba, y ayudarme a pensar el bolso, e incluso me asistió (fundamental) en la compra de regalos.
Una foto de los víveres que me traje.
Salí el Lunes temprano para el aeropuerto, Mamá tuvo la gentileza de arrimarme y Guille (sobrino, de 9 pirulos) tuvo el gesto de acompañarla. No estaba tan copado de irme de un Uruguay de 30 grados a una Viena (¿Vienna?) de -10, pero una vez que pasé migración me inundé de espíritu viajero y ya todo estuvo mejor.
El viaje
Tenía tres tramos: primero hasta San Pablo, donde tuve un poco más de 8 horas de espera, después a Frankfurt, donde iba a tener el primer choque térmico, y finalmente a Viena. En San Pablo hice migración para salir a fumar y me aplastaron los 35 grados con humedad y sin viento. Dormí un buen rato en un rincón, y cuando ya no sabía que más hacer volví a entrar para aprontarme para el viaje largo. Lo que estuvo muy bien fue que el vuelo largo de San Pablo a Frankfurt estaba semi vacío, había un lugar libre al lado mío (me tocó ventana) y pude hacer el combo de recostarme contra la pared del avión y estirar las patas hacia el costado. Vi la película Relatos salvajes, que creo que ya había visto o algunas partes, pero estuvo bien igual. También leí bastante, unos cuentos escogidos por Cortázar que son un salpicón interesante. Ya sobrevolando Europa, crucé por arriba de los Alpes como Aníbal, y un especie de mar de nubes se encerraba entre picos, formando una foto muy linda (que fracasé en sacar). Siempre llama la atención que hay grandes extensiones “improductivas” cuando volás por acá (bosques y demás), contrastando con el panorama uruguayo donde cada vista es terreno de alguien, más o menos productivo. Llegando a Frankfurt me invadió la frialdad alemana, capaz por los -5 grados, capaz porque la gente. Un bienvenido de vuelta, así somos.
La llegada
El aeropuerto de Vienna (sí, ahora es Vienna) fue un reencuentro con sensaciones muy familiares, con la memoria “muscular” reemplazando el tratar de entender, por ejemplo en el transporte público. ¡Qué lujo el transporte público acá! Otro reencuentro rápido fue con los carteles, acá todo el tiempo te dicen lo que no podés hacer, y “Achtung!” (Cuidado!) es la palabra más repetida. Cuidado con subir al metro, cuidado con bajar del metro, cuidado con tirarte adelante del metro, cuidado con tirar de la cisterna, cuidado con sacar el papel higiénico, cuidado al abrir la heladera, cuidado al llenar el lavaplatos.
Quedó en esperarme en el metro un chileno que me abrió la casa en que me quedé los primeros 10 días (hasta hoy Viernes 28). La casa es de una colombiana (Camila), amiga de una serbia (Anya, que trabaja en AIT y conocí la otra vez que vine). Es un apartamento de un cuarto (no muy grande) pero con cocina, living, y llegar a un apto que es solo tuyo fue una buena decisión para estar tranquilo en la llegada. Queda en Bonygasse 65 (acá), que está como a una hora y poco de AIT.
Llegué el Martes de noche, y aunque eran las 8 y poquito ya estaban cerrados todos los supermercados de la vuelta, entonces compré comida en un chinoca. El Miércoles ya encaré para el trabajo, antes comprando una SIM en un turco/árabe y explorando el metro + tren que me estoy tomando (un buen rato del metro U6, mi línea favorita, y un par de paradas en el tren 1 o 2). En AIT conocí a un chileno (Gonzalo) que se va el 10/3 y también está trabajando con Pedro. También estaba Hamid (léase jamed), que es de Barcelona y habíamos conocido hace 3 años en una conferencia en Holanda. Buena onda, estuve almorzando con ellos en el trabajo y compartiendo oficina. Ese Miércoles fuimos a tomar algo con el Pedro y esta barra de AIT a un café (sí, acá los bares coquetos se llaman cafés). Había como -5 grados, y a pesar de que traje guantes no los he usado. Sí la bufanda, doble buzo y campera, y calzoncillo largo (ríase si tiene ganas, no pasa nada).
En el bar el Miércoles.
El Jueves me percaté de que tenía tres problemas que no había calculado: (a) el termo se me pinchó en el avión, (b) el tabaco se seca a una velocidad inusitada, (c) la sequedad también llegó a mis labios. Por suerte este señor su servidor conoce las soluciones a los tres problemas: (a) se soluciona comprando otro termo (y mientras robándole el termo a Juan Vanerio, otro uruguayo de AIT), (b) se soluciona con bolsas de nylon herméticas + una hojita de lechuga o cáscara de limón (o unas gotitas de whisky/ron) y para (c) me compré un protector labial (si se llama así). Un solucionador, al final y al cabo.
Ya pisabamos el viernes y tocaba empezar los reencuentros nocturnos. Acá tenía dos dinámicas nocheras, una la onda latina en el Fania Live (aunque le digo fani alive y nada va a cambiar eso). La otra en el Underdog, mi “bar vienés de cabecera”, a donde me llevaron el Primo y sus amigotes. El Primo es un amigo que es primo del Emo (que vive en París y me puso en contacto en mi venida pasada), y tuvo a bien integrarme a su grupete “full-vienés”. El tema es que está de viaje entonces coordine con Matze -uno de sus amigos- para vernos y podía recién el Sábado. Entonces el Viernes agité a Hamid y Gonzalo y salimos de gira. Ellos estaban hace unos 6 meses por acá pero no habían recorrido mucho la noche (explorar, que le dicen), al parecer un servidor sirve de dinamizer del grupo y tuve a bien compartirles mi experticia. Fuimos entonces a mover las cachas, así como no hago en Uruguay pero hago en Europa. Es que es más cómodo bailar cuando la gente no sabe bailar, que cuando sos vos el que no sabe bailar. En vez de quedarme fumando afuera o charlando boludeces, acá me tiro a “romper la pista”, con las pocas herramientas que mi falta de motricidad me habilita. Buena cosa, en la barra seguían Natalia (colombiana) y Freddy, el chileno de la historia III, que paso a narrar.
Historia previa III: el pelotazo.
Freddy es uno de los que trabaja en la barra del fanialive, chileno de unos 40 años. Faltos de jugadores de fútbol, la otra vez que vine lo invité a sumarse. Triste convite: en vez de 10 éramos 7. No sólo éramos pocos, sino que se puso a atajar mientras jugábamos 3 contra 3. En un momento de magia, me toca quedar sólo contra el golero. Oscilando entre jugarmela a mi bien conocida gambeta y mi mal afamada brutalidad, me inclino por esta última, y saco un pelotazo, un verdadero bombazo, que para mí iba al ángulo pero terminó en la cara del pobre Freddy. Quedó mareado y acusó pérdida de equilibrio, incluso fue al médico a ver qué onda. Classic Marten haciendo de las suyas, eh. Por lo menos le traje un alfajor ahora. Buena persona Freddy fue muy gentil en mi despedida de aquella vuelta, invitando rondas, y también ahora tuvo la gentileza de hacer alguna en la bienvenida.
Moraleja: para mí no la hay, capaz para terceros… si no querés recibir pelotazos no juegues al fútbol?
El sábado almorzamos en lo de Pedro, con su pareja (Jime, amiga de Lu Píriz) y sus hijas Selene y Anahí. Preciosas las nenas, quedaron chochas con los regalos que Lía me ayudó a elegir (unos llaveros de cuero con espacio para guardar monedas, más los “cuentos de la selva”) y a Pedro y Jime les llevé el Diccionario de Política Uruguaya que sacaron los humoristas de la diaria. Recomendable, para regalar y regalarse, aunque era mi ejemplar personal, así que tendré que volver a comprarlo (por 5ta vez). También cayó el resto de AIT (Hamed, Gonzalo) y destaco a Juan Vanerio, uruguayo que fue a hacer el doctorado, con su pareja Paula (uruguaya, nutricionista) y su botija Juan Jr (en verdá Juan Pablo, pero Juan Jr es más divertido).
Almuerzo en lo de Pedro, de izquierda a derecha Hamed, Gonzalo, un servidor, Jime, Sele, Ani; abajo Juan Jr, Juan Sr, Paula.
El Sábado de noche iba a ir al Underdog, y así fue. Estaban Matze, el amigo del primo, que creo que solo habla en inglés conmigo (gran esfuerzo que aprecio mucho), y en la barra Joe (dueño, grandote, bonachón) y Julien (alemán, coleccionista de cuchillos que puede dar un poco de miedo). También cayeron Hamid y Gonzalo, y David (trabajaba en la barra, flaco alto y pelado con pinta de anarcopunk, muy simpático) con su novia Macarena (chilena). Estuvimos ahí tomando algo, de reencuentro, y me llevó el David a una fiesta de techno en un parque grande que hay acá en el centro (Prattersten), pero que resultó ser una no-fiesta. En cualquier caso, esa segunda noche de gira me dejó bien destruido: entre el cambio horario, el viaje, el choque térmico y las dos nochecitas me quedé el Domingo en el molde descansando un poco.
Termino el desembarco con esta apreciación. Capaz resulta molesto para quien está dirigido, pero volver y encontrar “todo igual” a como me fui fue bastante tranquilizador. Me imagino que a ellos (la gente de las barras de ambos lugares, por ejemplo) les puede resultar un comentario que destaca lo “estático” de sus vidas, pero bueno, si me preguntan a mí, mejor. Yo también estoy “en la misma”: sigo haciendo el doctorado, sigo laburando en FIng, en fin. Me pareció curioso eso de que nada cambiara, al final no es solo Uruguay donde no pasa nada, en ningún lado pasan cosas ja.
Adelanto de escenas del próximo capítulo:
me mudo y comparto casa con… una judía sefaradí punk (de mi edad) de Istanbul que apoya la causa Palestina, hace cerámica con forma de vaginas y ojos, y trabaja en limpieza en un hospital; y una abuela húngara que no habla inglés (está brava la comunicación), no gusta de Lenin pero sí del Che, y no discrimina a los gitanos pero lo usa como mala palabra.
¿cómo es investigar en el primer mundo? Ampliamos la crónica de la experiencia pasada, disponible en el segundo número de la Arbitraria.
conociendo a Roberta, una amiga de Sabrina, una napolitana “zurda” que trabaja en la ONU y vivió en Palestina.
Primero de marzo 2025. Asunción de un nuevo gobierno, 40 años de recuperación de la democracia, sábado de festichola, fin de semana inicio del carnaval. Un día lleno de acontecimientos, tentaciones, escapadas, para un inquieto como Martín. Pero todo esto es en Uruguay, y Martín es ahora Marten y está en Vienna, Vien-n-n-na. Muy lejos. Y entonces, ese mismo día, nos llegan unas crónicas de viaje... de 2022 con unas "historias colgadas", de 2025 en su actual estadía, donde descubre, acaso con cierta sorpresa, su propia tranquilidad al encontrar "todo igual", para concluir, temerariamente, que "en ningún lado pasan cosas". ¿Qué busca Marten? ¿Qué "cosas" espera que pasen, o prefiere que no pasen? Marten relata y se relata en experiencias de viaje, fuera de su entorno habitual, donde terminan surgiendo las preguntas más difíciles. ¿Qué busca Marten? No lo sabe. ¿Que buscamos nosotros? Tampoco lo sabemos. No, no me refiero a objetivos habituales, lograr esto o lo otro, sino a esa búsqueda subyacente que nos empuja hacia adelante, que sostiene nuestro impulso vital. Marten no sabe qué busca, pero comparte su búsqueda con nosotros, que tampoco sabemos qué buscamos. Con sus crónicas, con sus reflexiones, Marten nos involucra en la búsqueda, nos hace sentir partícipes, compañeros, en esta ruta desconocida que es la vida. No sabemos qué buscamos, pero sí sabemos que buscamos juntos, que no estamos solos. Buscar, descubrir, admirar, compartir, seguir buscando, encontrarnos en un abrazo. No necesitamos más.
ResponderEliminarMuy divertido el blog! Como me hubiese gustado haber escrito uno también. En mi caso, de la misma forma o por los mismos motivos que Martín, tuve la oportunidad de estar tres veces en Vienna. En la primera llegue a la ciudad (marzo 2020) y a los 10 días estalló la pandemia, incertidumbre total, los casos no paraban de crecer en Europa, con España e Italia a la cabeza. En la segunda (febrero 2022), a los pocos días de llegar, comenzó la guerra de Ucrania (guerra nuclear?) la paranoia por la cercanía la conflicto era tal, al punto que se llegó a repartir pastillas de yodo en las escuelas. Como chiste decíamos que mi llegada a Vienna solo traía desgracias para la humanidad. La tercera (abril 2024) por suerte no fue la vencida y no paso nada y el mundo siguió como siempre. De todas las estadías, me llevé recuerdos inolvidables, muchos de la segunda, la cual compartí con un servidor.
ResponderEliminarJusto antes de leer el blog, llegó a mis manos la novela de Mario Delgado Aparaín: No robarás las botas de los muertos.
Según el prologo, parte de la historia se relata a través del diario de un personaje andaluz Martín Zamora, y al final del capítulo 1 el narrador decía lo siguiente de este personaje:
"Escribió porque la palabra es signo y seguramente habrá considerado que solo el signo trasciende la vida, porque ha sido siempre de ese modo y el que no lo comprenda así es apenas una bestia sin pasado."
Que intriga dejas para el siguiente blog! Gran relato
ResponderEliminarPrimera noche de domingo otoñal en Montevideo. Vuelvo a casa después de un día de resaca + almuerzo con pareja de amigos rosqueros (se palpita el Congreso PIT-CNT) +, en un acto de absoluto masoquismo pero profunda consciencia de clase y humanitaria (¿?), incursión a Cinemateca a ver "No other land". Pal corchazo digamos. Pero, algo de la pulsión vital me trajo a la lectura postergada de este testimonio de Marten. Me gustó enterarme que hay un mundo paralelo en el que el compa Martín Randall se deja ser libremente en la pista, haciendo gala de su latinidad, sudaqués o impunidad de extranjero. Esto es todo lo que puedo desarrollar dadas las circunstancias, sepa comprender.
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